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miércoles, 31 de diciembre de 2014

MI CONCILIACIÓN LABORAL

   El otro día leía la entrevista que el Club de Malasmadres le hacía a Lucía, la madre bloguera de Planeando ser padres.

   Ella no pudo conciliar la familia con el trabajo y la despidieron se despidió de él. Ahora es una mamá blogger 24 horas y le va fenomenal.

   Yo he tenido la suerte de tener una gran jefa en mi trabajo que es madre de 2 hijos y que comprende perfectamente la situación en la que nos encontramos las madres trabajadoras.

   En junio 2012, cuando llevaba 6 meses trabajando en la empresa, decidimos empezar a buscar un bebé. Veía que en el trabajo todo iba bien, les gustaba mi forma de trabajar y en principio me iban a renovar el contrato. De repente, en agosto, me comentaron que me iban a prorrogar el contrato 2 meses más, hasta mediados de octubre, y que luego ya veríamos que hacíamos. Me quedé un poco planchada. Mi marido y yo nos planteamos si seguir buscando bebé o no teniendo en cuenta que si no me renovaban, quizás ya tendríamos uno en camino y eso imposibilitaba buscar otro trabajo o en caso de que no lo estuviese, quedarme embarazada al empezar un nuevo trabajo me traería problemas al instante.
   Lo estuvimos pensando pero al final decidimos seguir adelante porque no sabíamos si tardaríamos mucho en conseguirlo y porque si tenemos que esperar a que las circunstancias sean ideales, no nos pondríamos nunca.

   En octubre me dijeron que debido a la bajada de producción que hay en invierno, no me podían tener a jornada completa. Estaba en un punto en el que o me hacían indefinida o me echaban, por lo que decidieron hacerme indefinida a media jornada, pero con una cláusula en mi contrato que dijese que de abril a septiembre (ambos incluidos) pasaría a hacer jornada completa.

   Me cayó como un jarro de agua fría. Me quedé en estado de shock. Mi jefe todo feliz porque me hacía indefinida y yo pensando "pasaremos 6 meses con mi medio sueldo". Mierda de crisis.

   Me encontraba muy a gusto en esta empresa familiar y no quería volver a buscar trabajo en otro lado porque con la crisis está complicado y con lo bien que me habían tratado tampoco quería defraudarles. Así que acepté y empecé mi media jornada.

   Dos meses más tarde descubrimos que estábamos embarazados. Se fue el estrés de la incertidumbre laboral y el test dio positivo.

   Esperé a volver de las vacaciones de Navidad y nada más entrar por la puerta se lo dije a mi jefe, que me dio la enhorabuena. Su hija (que ahora es mi jefa) me abrazó y me felicitó. Me apoyó durante todo el embarazo, me dejó ropa, mini cuna, maxi cosi, libros, etc. Ha sido un amor. Y fue ella la que me dijo que mirase los días que me tocaban por lactancia. Lo hablamos con la gestoría y pude posponer la vuelta al trabajo hasta que mi hija tuvo prácticamente 6 meses porque junté baja maternal + vacaciones + lactancia.

   Si tengo que llevar a mi hija al médico o, como pasó una vez, salir 15 minutos antes del trabajo para recoger a mi hija porque mis suegros tenían que ir al médico y mi marido trabajaba, no me pone ninguna pega. Aunque se nota mucho en la economía familiar, los 6 meses a media jornada me sirven para disfrutar todas las tardes con mi hija, y como en un futuro coincidirán con la mayoría de los meses escolares, podré estar más pendiente de ella.

   Yo, a cambio, tengo la buena costumbre de llegar al trabajo 15-20 minutos antes y cumplir siempre con mi horario y mi trabajo. Tuve la suerte de encontrarme perfectamente durante todo el embarazo y no faltar ni un solo día. Además, excepto en la ecografías de las 12 y 20 semanas, todas las citas con médicos y matronas las procuraba coger a última hora de la mañana o de la tarde para faltar el menor tiempo posible al trabajo.

   La verdad es que soy afortunada de poder conciliar tan bien el trabajo con la familia.

   El otro día mi jefa me "pilló" leyendo el blog de Planeando ser padres y puso cara de sorpresa. Le dije que tranquila, que sólo era un blog de mamás que leía y que no se preocupase, que ni este año ni el que viene voy a buscar otro hijo. Ella me contestó que no había problema. Que con lo bien que había hecho cuadrar las fechas con la primera (trabajé prácticamente todos los meses más fuertes y cogí la baja a las 36 semanas justo cuando empezaba a bajar por lo que ella no tuvo desborde de trabajo), si el siguiente lo hacía igual de bien, podía tener los que quisiera. 

  Yo, con una sonrisa, le dije que tuviese en cuenta que estas cosas no se pueden planear al milímetro y que vienen cuando vienen.





jueves, 4 de diciembre de 2014

MI PRIMER EMBARAZO

  Hoy mi niña cumple 15 meses y si las cuentas no me fallan, hoy hace 2 años que me quedé embarazada.


  En cuanto entras en el mundo de las preñadas te cambia la concepción de la vida. Ya no vives en días o meses sino en semanas:  las de la cuenta atrás hasta llegar a 40 (o 41 en mi caso).

  Como estamos de celebración voy a recordar esos 9 meses y medio.



5 semanas: Mis reglas siempre han sido de 33-34 días, así que espero al día 35 para hacerme el test a las 7 de la mañana (soy muy ansiosa y no puedo dormir) y voila! Las dos rayitas! Estoy embarazada! Lloro, despierto a mi marido para contárselo y vamos a comprar otro test de embarazo para confirmarlo. Ahora seguro, estamos embarazados. Me encuentro fenomenal!



El predictor, nuestra manera de anunciarlo.

8 semanas: Cita con mi ginecólogo. Primera ecografía del garbancito que llevo dentro. Ilusión por verlo aunque sea muy feo y me tengan que explicar qué es cada cosa. Pero hay algo allí dentro y eso ya te quita miedos. Me empieza a dar asco la pasta de dientes. Aún así apechugo y me los limpio igual.
Desde las 8 hasta las 16 semanas descubro que la comida con exceso de aceite (es decir frita) y el chocolate (!) me hacen vomitar toda la comida. Pierdo 7 kg hasta que consigo adivinar qué me causa tanto vómito y paso el resto del embarazo controlando qué como. Náuseas y mal sabor de boca.

8 semanas





12 semanas: Ecografía obligatoria donde miran el pliegue nucal y que el bebé vaya progresando. Es divertidísimo ver a Sofía dar botes y dejarse resbalar, se lo estaba pasando pipa. Por fin podemos verla con forma humana. Todo está correcto, aunque la ginecóloga es un poco brusca y me deja el bajo vientre dolorido un par de días al apretar con el ecógrafo. Aún no podemos saber el sexo. Ya empiezo a tener algo de barriga.


Mi nena pasándoselo teta con 12 semanas.

18 semanas: Soy muy ansiosa y no quiero esperar a las 20 semanas para saber el sexo del bebé. Nos vamos de viaje a Barcelona y quiero poder comprarle ropita. 

Diagnóstico de la ginecóloga: Aquí no hay testículos y se observan 3 rayas, es una niña! No me lo puedo creer! Pensaba que era un niño y llevaba 3 meses con la familia diciéndome que sería un niño y se llamaría Bruno como el padre. Un descanso en este tema y una alegría por tener a mi princesa!


20 semanas: El 12 de abril, conduciendo de camino al aeropuerto para ir a buscar a mi marido, noto la primera patada. Es una pasada! Se me saltan las lágrimas y todo al sentirla por primera vez.

Mi barriga crece por días y ya parece que esté de 7 meses. Eso sí, soy toda barriga. Me molestan los comentarios sobre el tamaño de mi panza. Sigo pesando 5 kg menos que cuando empezó todo esto pero parece que lleve gemelos.


22 semanas: Revisión exhaustiva de todos los órganos del bebé. Se te para un poco el corazón en cada pausa del médico antes de decirte que está correcto. La nena está estupenda y nos confirman que es una niña (porque no se ven testículos). El ginecólogo es un borde que se mete con mi peso, pese a haber perdido 5 kg. El sobrepeso se pierde antes, no durante el embarazo, leches! 

Me troncho con Bruno y su "parrilla costal". Es muy tonto, pero me recuerda a una barbacoa de costillas.

(PD: al ginecólogo tocapelotas decirle que al final de mi embarazo sólo cogí 4 kg, los que pesó mi hija, y que dos semanas después de haber parido pesaba 10 kg menos que antes de quedarme embarazada...Chúpate esa!)


Mi nena con 22 semanas


27 semanas: Ecografía 3D. Aquí se ve fatal. Sofía está pegada a la placenta y tiene poco líquido por lo que no se ve muy bien. No tiene nada que ver con los super vídeos que he visto por internet. Una clavada de 120 euros que, como somos tontos y nos hace ilusión verla, pagamos. Se ve mejor en la pantalla en directo que en las fotos que nos hace. Para el próximo futuro hijo no habrá. Aún así nos hizo ilusión verla. Nos dicen que tiene unos bueno mofletes y ya se le ve el hoyuelo de la barbilla. (como el de su mamá)

Aunque se vea fatal, mi nena es la más guapa


28 semanas: Prueba de glucosa. Qué nervios paso por desear no tener diabetes gestacional. El brebaje super dulzón y un rollo lo de esperar 1 hora pero por suerte sale negativo. (Si tengo que dejar de comer azúcar además de chocolate, me pego un tiro)


32 semanas: Empezamos las clases de preparación al parto. Son 5 sábados y las clases que dan son: preparto, parto, postparto, lactancia y cuidados del bebé. No están nada mal y de paso conozco a todas las matronas. Paso del aquagym y sólo vamos los dos a las clases. 



36 semanas: me cojo la baja laboral sin problemas. Llevo dos semanas con los pies hinchados y me empieza a doler la cadera por el peso de la niña/barrigón. He cumplido en el trabajo y ya me toca descansar que estoy enorme.



Toma panchota redondita.


37 semanas: Mi cumpleaños. Y cumplo 30. Un trabajón organizar la fiesta y hacerme mis propias tartas y la comida. La tortura de hacer un bizcocho de chocolate para la gente y otro normal para mí crea un monstruo. Les incito a acabarse el pastel y no tocar el mío, bajo pena de mordisco rabioso por mi parte.



Me quedaron guay las tartas, eh!


38 semanas: Esta niña podría salir ya, que pesa mucho. Se pasa el día dándome patadas cual kareteka y parece que no se cansa porque llega a estar las 2 horas que dura la película en el cine sin parar. Ya pesa 3,400 kg. Cita con el anestesista, que no me cuenta nada nuevo sobre la epidural que no supiese ya y me felicita por lo bien informada y lo tranquila que estoy.



39 semanas: Desde principio de mes tengo pubalgia (autodiagnosticada pero no por ello menos real). Me cuesta levantarme del sofá y la cadera me duele horrores. Tengo a mi señor marido a pan agua porque no estoy para meneos. Es una risa verme andar. Parezco un pingüino. Estoy deseando que salga esta niña ya, que se adelante un poco que hace mucho calor. La retención de líquidos es brutal, tanto de piernas como de pies. Las Crocs son el único calzado que me puedo poner y me da igual lo que piense la gente ni si combina con nada. Y tengo síndrome de túnel carpiano por la hinchazón. (gracias google y bloggeras por darme pistas de qué me pasa). Empiezo a ir una vez por semana a monitores.



Aquí mis super Crocs, y no pongo la panza de perfil que asusto.


40 semanas: Hey, que ya he cumplido! Cada día que pasa se me hace más largo. No puedo con este barrigón! Sofía es tan grande que escoge mis costillas para practicar las patadas de kickboxing. La llegada de Dexter, nuestro nuevo cachorro de 2 meses trastoca mi sueño y hace que empiece a cuidar de un bebé sin haber tenido aún a la mía. Creo que llevo trillizos o por lo menos siento tantas patadas y tengo un barrigón como si los tuviese.



Dexter bebé


41 semanas: Estoy harta de caminar a ver si la niña se coloca y provoca el parto, no parece que sirva de nada. En monitores me comentan que la nena ya pesa 3.800 kg. Tengo fecha programada para las 41+2 para la inducción al parto cuando rompo aguas y por fin empieza la fiesta.


En resumidas cuentas, tuve un embarazo fantástico excepto el último mes que fue el más duro. Y sé que no debo quejarme.

Lo peor: vomitar, náuseas, regusto a sangre en la boca, no comer chocolate, pubalgia.
Lo mejor: las ecografías, las patadas y sentir cómo se mueve dentro de mi. 






lunes, 1 de diciembre de 2014

PAPELEO TRAS EL NACIMIENTO

   Una entrada para futuras mamis. 

  Esta misma búsqueda la hice yo en su momento porque iba perdidísima en saber cuales son los pasos burocráticos que hay que hacer cuando nace el bebé.
   Todas mis búsquedas las hago en google y doy las gracias a esa gente anónima (o no pero no me acuerdo de sus nombres ni de sus blogs ^^U) que iluminaron mi camino.

    La verdad es que aunque le pregunté a mamis recientes, no había ninguna que me diese todos los pasos ni se acordase qué documentos eran.

    Así que con esto aporto mi granito de arena, teniendo en mente a familiares que lo van a necesitar  en un futuro. (va por ti Savina XD)



- INSCRIPCIÓN DEL BEBÉ EN EL REGISTRO CIVIL
    Plazo: entre las 24 horas y los 8 días posteriores al parto.
    Lugar: Registro Civil
    Documentación que hay que aportar: parte de maternidad que te dan en el hospital, DNI original de los dos padres, Libro de Familia si ya están casados. Se rellena un formulario.
    Recogida: Dependiendo del Registro Civil, un par de días o una semana.
    Quién puede realizar el trámite: Si los padres están casados, cualquiera de los dos. Si no, deben ir los dos.


- CERTIFICADO DE DESCANSO DE MATERNIDAD
   Es ir al médico de cabecera y decirle que la baja laboral pasa a ser baja maternal.
   Plazo: en los cuatro días posteriores al parto.
   Lugar: Médico de cabecera.
  Documentación: la tarjeta sanitaria de la madre y el parte de maternidad del hospital.
  Recogida: en el acto te dan 3 copias: una para el INSS, una para la empresa y otra para ti.
  Quién puede realizar el trámite: yo envié a mi marido y me quedé tan pancha.

- EMPADRONAR AL BEBÉ EN EL AYUNTAMIENTO
   Plazo: cuando quieras.
   Lugar: oficina del padrón de residencia.
   Documentación: Libro de Familia y DNI del que lo inscribe.
   Quién puede realizar el trámite: el padre o la madre.


- INSCRIBIR AL BEBÉ EN EL INSS y PEDIR LA PRESTACIÓN POR MATERNIDAD Y PATERNIDAD
   Plazo: lo antes posible.
   Lugar: oficina del INSS.
   Documentación: Libro de Familia, tarjeta sanitaria del titular con quien se va a inscribir el bebé, DNI de los 2 padres y fotocopia, certificación de empresa de los dos padres para el cálculo de la prestación junto con la última nómina, número de cuenta bancaria y rellenar el formulario M1 que se puede hacer en casa o allí mismo. Cumplimentar el modelo de Hacienda del cambio de datos fiscales. 
    (Importante pedir cita en el INSS cuanto antes, a mi me la dieron para 10 días más tarde. Al ir a pedir cita ya me llevé todo el dossier de los formularios, te lo explican todo bastante bien) 


- DAR DE ALTA AL BEBÉ EN EL AMBULATORIO
  Plazo: Lo antes posible. 
  Lugar: en el ambulatorio asignado.
 Documentación: la que te dan en el INSS, certificado de empadronamiento del bebé, DNI y tarjeta sanitaria del padre con el que está inscrito. En Baleares, foto del bebe para la tarjeta sanitaria.



  Luego está el tema de los 100 euros por madre trabajadora. El estado te ingresa 100 euros mensuales en tu cuenta bancaria hasta que tu hijo cumpla 3 años por ser madre trabajadora. En este caso tienes que ir a Hacienda y rellenar un modelo. (no tengo ni idea porque este papeleo no lo hice) 
  O bien te los puedes deducir en la declaración de la renta (1.200 euros que te devuelven si es el año entero, el primer año son los meses desde el nacimiento del bebé hasta que acabe el año). 
Yo personalmente prefiero la alegría de que me lo devuelvan en la declaración de la renta, ese mes tenemos extra, jeje!




miércoles, 19 de noviembre de 2014

LA BÚSQUEDA DE UN BEBÉ

La concepción parece algo fácil.

  Hay un montón de casos de "descuidos", de "noches locas" y de "vamos a probar a ver qué tal" que acaban en embarazo a la primera.

   Luego está el resto, que planifican el embarazo y ven pasar los meses sin que haya resultado.
(Yo no me puedo quejar demasiado, tardé 6 meses en conseguirlo, pero ese tiempo se me hizo muy largo...)

   Hoy en día intentamos planificarlo todo. Empiezas a buscar un bebé y ya haces cuentas: 
- Que si te quedas embarazada en los próximos 3 meses tu hijo nacerá en verano (por poner un ejemplo)
- Que quieres quedarte embarazada antes de que cumplas X años. 
- Que quiero tener otro hijo y que se lleve X años con el primero.

  A mayor edad, más estrés. No es lo mismo buscar con 25 que con 30 o 35 años, el tiempo corre en tu contra y no tienes paciencia para esperar.

  Amigas o conocidas se quedan embarazadas y tú te alegras por ellas pero dentro de ti les tienes envidia porque tú aún no has podido. (Si son enemigas ni te cuento lo verde que puedes llegar a ponerte...)

  Lo primero que piensas es que si tanta gente se queda embarazada enseguida que lo buscan, por qué no va a ser tu caso. 
Ves pasar el primer mes y te dices "bueno, no pasa nada, es lo normal".
Y llega el segundo y el tercero y empieza a molestarte que te llegue la regla más o menos puntual. 
Con cualquier día de retraso te haces ilusiones y compras tests de embarazo a la primera de cambio porque crees que "esta vez sí". 
Pasa un mes tras otro y con cada regla te vas deprimiendo un poco más.
Y miras calendarios de ovulación que te dicen qué días eres fértil y compras tests de ovulación pero ni así... 

  Te empiezas a comer la cabeza pensando si vas a tenerlo todo bien: que no tengas las trompas de falopio obstruidas, o no ovules bien, o no se agarre con fuerza o que tu pareja no tenga los espermatozoides vagos o escasos... UN ESTRÉS!!

   Y que pasa con el estrés: que es enemigo de la concepción.

  La concepción es una lotería. Es un milagro. Es que en ese momento el espermatozoide adecuado llegue en el momento justo para poder introducirse en el óvulo y que todo se desarrolle bien.

  En la Seguridad Social no te realizan pruebas de fertilidad hasta que no llevas 2 años buscando de manera natural o 3 abortos espontáneos. (Esto último me parece una barbaridad)

  Si se tiene seguro médico o la economía necesaria puedes hacerte las pruebas mucho antes por lo privado. A veces, pagar 100 euros para que te digan que todo está bien es mejor que otro año de desespero porque no llega y no sabes si tienes algún problema. (Yo iba a pedir cita al mes siguiente cuando supimos que estábamos embarazados, soy una esas impacientes que quiere saber las cosas YA)

   Conozco muchos casos: de las que se quedan embarazadas a la primera. De las que tardan 1 año o 2 con el primero y con el segundo hijo enseguida conciben. De las que tras varios años buscando empiezan el papeleo para adoptar y en el proceso se quedan embarazadas. De las que lo intentan durante un año y descubren que tienen las trompas de falopio obstruidas y 2 años más tarde consiguen tener a su hijo mediante fecundación in vitro.  

  En definitiva, hay que disfrutar también el momento e intentar salvar todos los obstáculos que se van poniendo en el camino (mentales y corporales). 

  Porque al final, sentir a tu hijo dentro del vientre y tenerlo en brazos por primera vez es lo más bonito del mundo.

martes, 4 de noviembre de 2014

MI COJÍN DE LACTANCIA


   La primera vez que vi un cojín de lactancia, hace unos 5 años, me pareció curioso. Era de los pequeños, los que se ponen alrededor de la cintura. Un buen invento pero al que no le presté demasiada atención.
   Durante el embarazo estuve investigando diferentes tipos de cojines de lactancia. Vi algunos en las tiendas que parecían algo incómodos, con asa y un poco rígidos, otros que te rodeaban el estómago, pero no me acababan de convencer. 

   A los 4 meses de gestación ya empezaba a tener molestias en la espalda al dormir de lado porque me salió barriga enseguida y me acordé de la película "Plan B" de Jennifer López, en la que duerme con uno en forma de plátano gigante.

   Estuve buscando por internet, y los precios oscilaban entre los 50 y los 100 euros, un poco caro.
   En Baby Moon, la tienda dónde hicimos la lista de bebé, Lidia me consiguió por 40 euros uno de los grandes, que mide 170 cm aproximadamente. No pude escoger el color y me tocó uno con círculos verdes y marrones.

LA MEJOR COMPRA QUE HE HECHO!


   Empecé a usarlo desde los 4 meses y aún no lo he soltado. Dormí con él durante todo el embarazo. Me abrazaba a él de lado y apoyaba el barrigón en el ángulo del cojín. Un descanso para la espalda y las piernas.

   Cuando nació Sofía, no iba a ninguna parte de la casa sin él, lo trasladaba de la cama al sofá y si hacía falta hasta la casa de mis suegros.
  Mi hija ha mamado cómodamente durante horas y se ha pegado unas siestas de aúpa mientras yo leía, jugaba a la XBOX o miraba la televisión sin tener que preocuparme de si el cojín se desplazaba o estaba bien colocada.
   En casa lo llamamos "El Full Power", porque era requisito indispensable para poder estar o dormir a nuestra niña, especialmente cuando era muy bebé
   Quién tuviese el cojín, tenía el poder. (aún nos seguimos peleando por él...)

   Le tengo tanto cariño al cojín que 18 meses más tarde aún pulula por el sofá para acomodar a Sofía en sus siestas y, aunque ahora no lo haga servir tan a menudo, le tengo un cariño especial y aún no lo quiero guardar en el armario. Va genial para las siestas (incluidas las mías cuando puedo hacerlas) y para apoyar los codos y leer cómodamente en el sofá.



   Lo recomiendo 100 % y me parece un regalo super útil para las nuevas embarazadas. Importante tenerlo a partir del 2º trimestre de embarazo.





El cojín, presente en la mayoría de las fotos de Sofía

domingo, 28 de septiembre de 2014

EL PARTO DE SOFÍA

Antes de que con el tiempo olvide más detalles quiero dejar anotado para el futuro cómo fue el nacimiento de Sofía, para que quizás ella quiera leer algún día como fue el proceso.


     Ya llevaba una semana de retraso y estaba muy verde. El día anterior Alexia, la nueva ginecóloga, me había estado tocando a ver si me provocaba ya el parto. Si no, tenía cita para que el jueves 5 de septiembre me lo provocasen con Oxitocina.

     El martes 3 de septiembre, hacia las 18.45 tuve la sensación de que se me escapaba pis. Fui al baño y me encontré las braguitas un poco mojadas. En principio no le di importancia pero 2 minutos más tarde volví a sentir esa sensación. Fue en ese momento cuando le dije a Bruno: o me estoy meando encima o creo que he roto aguas! 

Nos lo tomamos con calma: acabé de hacer la maleta, me cambié y avisamos a la madre de Bruno para que nos llevase a la Clínica, porque el aparcamiento es en zona azul e íbamos a pasar bastante tiempo allí. Elia estaba muy contenta y más nerviosa que yo. El padre de Bruno tenía guardia.



En la sala de espera, deseando ver ya a Sofía.

     Llegamos a la Clínica a las 19.30 y estuvimos en la sala de espera aguardando a que llegase la comadrona. Empecé a soltar cada vez más agua y dejé el suelo empapado. Llegó Maribel, mi comadrona, y pasamos a paritorio para explorarme. Me confirmó que había roto aguas pero que Sofía no estaba encajada y no se había borrado aún el cuello del útero ni había dilatado. Yo me encontraba muy bien y me dijo que al haber roto aguas me tenía que quedar ingresada en la habitación. Me comentó que esa noche empezarían las contracciones y que aguantase todo lo que pudiese, porque una vez me pusieran la epidural se ralentizaría el parto. Ella se fue a su casa y me dijo que en el caso de que empezasen a dolerme mucho las contracciones avisase  a las enfermeras y ella vendría, pero que me veía muy verde. Bruno se fue a cenar fuera y me trajo un bocadillo mientras Elia me hacía compañía porque con la espera, había pasado la hora de la cena en la planta.



Ñam! Bocata de pollo y queso

     Hacia las 23.00  empezaron las contracciones. Cada 5-7 min llegaban 10 segundos de dolor, no exagerado pero si molesto. Bruno tenía su propia cama y se durmió hacia las 12.30. Y aquí fue cuando empecé a contar los minutos hasta las 8.30, hora en la que la comadrona vendría a verme. 
Estaba molesta, intentaba dormir pero el dolor no me dejaba e iba paseando por la habitación, al baño, al balcón... Cualquier cosa con tal de distraerme. Intenté leer pero no me concentraba y en la tele, de madrugada, no daban nada bueno.
 
    A las 7 me fui a duchar para matar el tiempo y desperté a Bruno a las 8... (Si, si, el campeón durmió 7 horas y pico del tirón pero es que poco podía hacer).

     A las 8.30 llegó mi suegra y al saber que había tenido contracciones cada 5 minutos toda la noche yo sola sin llamar a nadie se fue directamente a la enfermería e hizo llamar a la comadrona, que llegó 15 minutos más tarde pensando que ya estaba de parto. Me llevó a paritorio, me miró y vio que aún estaba sin dilatar. Me dejó subir a la habitación y desayunar un yogur y una magdalena. 

De camino de nuevo al paritorio las enfermeras de mi planta me comentaron que habían estado haciendo apuestas sobre a qué hora no aguantaría más y las avisaría para llamar a la comadrona y que me pusiesen la epidural. La hora tope que tenían era a las 4. Alucinaban que hubiese aguantado tanto...


   A las 9.30, ya en el paritorio la comadrona me puso los monitores, vio que Sofía estaba bien y que seguía verde, con contracciones de nivel 40 sobre 100 (a partir de 80 consideran que son fuertes de parto)

Sofía no paraba de moverse y era muy difícil de detectar con los monitores (exactamente igual que las última tres semanas). 
Las contracciones empezaron a hacerse más fuertes y empecé a resoplar cada vez más a menudo. Por el monitor veía algunas contracciones de 80/100, pocas pero alguna. La comadrona me pedía que aguantase todo lo que pudiese. 
Alexia vino a verme y me exploró (Dios, que daño...) y nada, que Sofía no bajaba y por lo tanto no presionaba para dilatar.
 
    A las 11.30 no aguanté más y pedí la epidural. Vino el anestesista y me la puso. La comadrona dejó a Bruno quedarse durante el proceso y yo intenté no moverme nada mientras me pinchaba, estaba muy nerviosa. Cuando empezó a hacerme efecto fue una gozada. Notaba las piernas super pesadas y dejé de poder moverlas. No sentía ningún dolor. Absolutamente genial. 
Maribel me trajo un poco de zumo de melocotón. Mala idea. Poco después de la anestesia le vomité encima a Maribel y a Bruno el desayuno. Anécdota para la posteridad. 
Llevaba varias horas allí con Bruno (el pobre muerto de aburrimiento sin poder hacer nada más que darnos charla a Maribel y a mi y mantener los grupos de Whatsapp informados) e intenté dormir un poco mientras Bruno comía algo en la cafetería. 

     A las 14.00 empecé a notar una pierna y algunas contracciones en ese mismo lado. Pedí que me pusieran otro chute y me lo dieron. 

     Hacia las 16.00 Alexia vino a verme y seguía sin dilatar .
Fue entonces cuando oí las temidas palabras: el parto no prospera y no puedes estar tanto tiempo sedada. Sofía no tiene pinta de querer bajar y empujar así que te tendremos que hacer cesárea. 

Asentí pero algunas lágrimas empezaron a rodar por mi cara. No la podría ver nacer, estaría separada de ella un rato, me tendrían que operar... Todo eso me daba un poco de miedo. Me despedí de Bruno mientras me daba ánimos y fuerzas porque él tampoco podría estar en el alumbramiento. La comadrona me preguntó si quería que al nacer Sofía estuviese piel con piel con Bruno al no poder estar conmigo, y accedí sin pensármelo. Sería bueno para ella y para Bruno.

    En el quirófano, que estaba a 20 metros del paritorio, me pusieron en cruz en la camilla y procedieron a anestesiarme de nuevo. Los brazos se movían solos y los dientes me castañeaban por los nervios y por la anestesia. Pedí mil veces disculpas a los enfermeros, anestesistas y cualquiera que estuviese allí dentro por no poder parar de mover los brazos con espasmos. 
No sentí ningún dolor, solo noté el momento en que metieron las manos dentro para sacar a Sofía. Es una sensación extraña, como si amasaran algo pegado a ti y de repente notas un pequeño vacío.

     A las 16.43 del 4 de septiembre de 2013 nació Sofía. La comadrona justo me la enseñó, la pegó a mi cara (y me dejó un pegote de sangre) y se la llevó al pediatra a la sala de al lado. 
Fueron 10 segundos en los que estuve esperando a oír su llanto y fue un alivio oírlo tan fuerte. El pediatra, un alemán, empezó a cantarle una nana en su lengua para calmarla. 
La comadrona me la trajo y me dijo que había medido 54 cm y pesado 3.930 kg, muy grandota. Me la sostuvo pegada a mi cara (ya limpia) y dejó que nos mirásemos a los ojos y le pudiese decir lo guapa y preciosa que era. Después se la llevó con Bruno para el piel con piel mientras me cosían.

    No llevaba las gafas puestas pero aún así, a través del reflejo de la lámpara, pude ver que aún estaba abierta y contaba los segundos para me acabasen de cerrar. Fue bastante rápido.
Me pusieron un vendaje compresor y cuando ya estaban recogiendo los instrumentos y me iban a llevar a paritorio, me dio una arcada y avisé de que creía que iba a vomitar. Y con ello acabé de regar a la enfermera que tenía a mi izquierda y vacié del todo el desayuno. 
Volví a pedir perdón. 

(Para la próxima me la apunto: no comer absolutamente nada antes ni durante el parto. Mejor pasar hambre que vomitarle encima a todo el mundo)

     Eran las 17.20 cuando me llevaron de vuelta al paritorio donde estaban Bruno y Sofía. Me la pusieron al pecho y por fin pudimos estar los tres juntos. 

     Quizás no fue el parto ideal que habría querido tener, pero ya sabía que por mucho que quisiera las cosas vienen como vienen.
Aún así estoy contenta del parto, por lo tranquila que estuve a excepción del momento "te vamos a hacer una cesárea" y por la rápido que me recuperé de la operación. 
Visto lo visto, cuando tengamos otro hijo si puede ser parto natural, mejor, pero si es cesárea no va a ser ningún drama.




Mi bichito y yo 2 horas después de su nacimiento.